En sentido estricto “crear” significa sacar algo de la nada, es decir, la cosa creada proviene de una realidad que no existe antes. Crear de la nada significa que Dios no parte de nada pre-existente, ni de nada que provenga de sí mismo (emanacionismo).

Dios es el único Ser que puede crear de la nada. Por tanto, la creación sólo puede venir de Dios.

Según la Teoría Creacionista pura, Dios creó directamente el universo y todo lo que éste contiene, incluyendo los seres humanos.

Si Dios es Creador ¿cómo queda la evolución?

Dios es Creador. “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra”, rezamos en el Credo, nuestra profesión solemne de Fe.

La Evolución, entonces, sigue quedando como una teoría. Pero, suponiendo que la Evolución llegara a comprobarse científicamente, o suponiendo que quisiéramos creer que es comprobable, los católicos debemos aceptar que Dios es Creador y que la evolución puede ser la manera de Dios realizar la creación.

Esto significa que Dios pudo haber creado la materia y haberle dado la capacidad de evolucionar hasta llegar a las formas más complicadas y desarrolladas que existen en la naturaleza.

Pero al llegar al alma humana, ésta no pudo haber evolucionado de la materia. ¡Imposible! Pues lo que nos hace imagen de Dios, nuestra alma, viene directamente de Dios, no puede venir de la materia.