La Segunda Ley de la Termodinámica invalida la teoría de la evolución.

La Segunda Ley de la Termodinámica, aceptada como una de las leyes básicas de la física, sostiene que bajo condiciones normales todos los sistemas dejados a su propias voluntad tienden a volverse desordenados, dispersos y adulterados, en relación directa con el tiempo transcurrido. Todo lo viviente o inerte se agota, deteriora, decae, desintegra y destruye. Este es el fin categórico que todo lo existente enfrentará de una u otra manera. Y de acuerdo a esta ley no hay retorno de este proceso inevitable.

Lo dicho es algo que todos hemos observado. Por ejemplo, si llevamos un auto al desierto y lo dejamos allí, es muy difícil que lo vayamos a encontrar mejor cuando volvamos años más tarde. Por el contrario, veremos que los neumáticos se desinflaron, que las ventanas están rotas, que el chasis se ha aherrumbrado y el motor se ha deteriorado. El mismo proceso inevitable es cierto, e incluso con mayor rapidez, para los organismos vivos.

La Segunda Ley de la Termodinámica es el medio por el cual dicho proceso se define con ecuaciones y cálculos físicos.

A esta famosa ley física se la conoce también como Ley de la Entropía. Entropía es la duración del desorden involucrado en un sistema físico. La entropía de un sistema aumenta mientras el mismo se dirige a un estado más desordenado, disperso y sin proyecto, proviniendo de otro estado ordenado, organizado y planificado. Cuanto mayor es el desorden de un sistema, mayor resulta su entropía. La Ley de la Entropía sostiene que todo el Universo avanza inevitablemente hacia un estado más desordenado, desorganizado, sin planificación.

La validez de la Segunda Ley de la Termodinámica o ley de la Entropía, está establecida experimental y teóricamente. Los más importantes científicos de nuestra época concuerdan en el hecho de que la Ley de la Entropía presidirá como el paradigma normativo el próximo período de la historia. Albert Einstein, el gran científico de nuestra época, dijo que es "la ley principal de toda la ciencia". Sir Arthur Eddington también se refirió a ella como "la ley metafísica suprema de todo el Universo"(1).

La teoría de la evolución es una afirmación que se presenta ignorando totalmente esa auténtica ley básica y universal de la física. El mecanismo ofrecido por la evolución contradice totalmente dicha ley. La teoría de la evolución dice que los átomos y las moléculas desordenados, dispersos e inorgánicos se reúnen espontáneamente con el tiempo en un cierto orden y con cierto plan para formar moléculas extremadamente complejas como las proteínas, el ADN y el ARN, después de lo cual dieron origen a millones de especies vivas distintas con estructuras aún más complejas. Según la teoría de la evolución, ese supuesto proceso que pasa por una estructura más compleja, más organizada, más ordenada y más planificada en cada etapa, se ha formado por sí mismo bajo las condiciones naturales. La Ley de la Entropía deja en claro que el llamado proceso natural contradice absolutamente las leyes de la física.

Los científicos evolucionistas también son conscientes de esto. Dice J. H. Rush: "En el curso complejo de su evolución, la vida exhibe un notable contraste con la tendencia expresada en la Segunda Ley de la Termodinámica. Donde esta ley expresa un avance irreversible hacia una entropía creciente y desordenada, la vida desenvuelve continuamente más altos niveles de orden"(2).

El científico evolucionista Roger Lewin expresa el atolladero termodinámico de la evolución en un artículo de la revista "Science": "Un problema que han enfrentado los biólogos es la aparente contradicción de la evolución con la Segunda Ley de la Termodinámica. Los sistemas deberían deteriorarse con el paso del tiempo, disminuyendo en vez de aumentar el orden"(3).

Otro científico evolucionista, George Stravropoulos habla en la revista evolucionista "American Scientist" de la imposibilidad termodinámica para la formación espontánea de la vida y de la imposibilidad de explicar un mecanismo vivo complejo por medio de las leyes naturales: "No obstante, bajo condiciones ordinarias, nunca se puede formar espontáneamente ninguna molécula orgánica compleja, sino que más bien se desintegrará, de acuerdo con la Segunda Ley. En realidad, cuanto más compleja es resulta más inestable, y lo que se confirma, más temprano o más tarde, es su desintegración. La fotosíntesis y todos los procesos de la vida, y la vida en sí mismo, a pesar de todo lo que se dice confusamente, deliberadamente o no, no puede comprenderse en términos de la termodinámica o de cualquier otra ciencia exacta"(4).

Como se reconoce, la Segunda Ley de la Termodinámica constituye un obstáculo insuperable para el escenario de la evolución, en términos tanto de la ciencia como de la lógica. Los evolucionistas, incapaces de presentar ninguna explicación coherente y científica para superar ese obstáculo, pueden imponerse al mismo solamente en su imaginación. Por ejemplo, el conocido Jeremy Rifkin señala su creencia de que la evolución anonada esta ley de la física con un "poder mágico": "La Ley de la Entropía dice que la evolución disipa toda la energía disponible para la vida en el planeta. Nuestro concepto de la evolución es exactamente el opuesto. Creemos que la evolución, de algún modo mágico, crea un valor y orden energético más grande sobre la Tierra"(5).

Estas palabras indican muy bien que la evolución es, plenamente, una creencia dogmática.

El mito del "sistema abierto".

Los evolucionistas, confrontados por todas esas verdades, se tuvieron que refugiar en una Segunda Ley de la Termodinámica destrozada, mutilada, al decir que la misma es cierta solamente para un "sistema cerrado", pero que un "sistema abierto" queda por fuera del campo de esa Ley.

Un "sistema abierto" es un sistema termodinámico en el que la sustancia energética fluye dentro y fuera del mismo, a diferencia de un "sistema cerrado" en el que la energía y sustancia inicial permanecen constantes. Los evolucionistas sostienen que el mundo es un sistema abierto: está constantemente expuesto a una energía que fluye desde el sol, la Ley de la Entropía no se aplica al mundo en su conjunto y los seres vivientes complejos y ordenados pueden generarse a partir de estructuras inanimadas, simples y desordenadas.

Sin embargo, en lo dicho hay una distorsión obvia. El hecho que un sistema tenga un flujo de energía no es suficiente para hacerlo ordenado. Se necesitan mecanismos específicos para que la energía sea funcional. Por ejemplo, un auto necesita un motor, un sistema de transmisión y mecanismos de control para convertir la energía de la gasolina en trabajo. Sin un sistema de conversión energética el auto no será capaz de usar la energía existente en la gasolina.

En el caso de la vida se aplica lo mismo. Es cierto que la vida deriva su energía del sol. Sin embargo, la energía solar puede convertirse en energía química solamente por medio de sistemas de conversión complejos en los organismo vivos. (Como la fotosíntesis en las plantas y los sistemas digestivos de humanos y animales). Nada puede vivir sin esos sistemas de conversión. Sin un sistema de conversión el sol no es más que una fuente de energía destructiva que quema, reseca o funde.

Como se puede ver, un sistema termodinámico sin un mecanismo de conversión de la energía de algún tipo, no es provechoso para la evolución, sea abierto o cerrado. Nadie asevera que un mecanismo así, complejo y consciente, pudo haber existido en la naturaleza bajo las condiciones de la Tierra primitiva. En realidad, el problema a que hacen frente los evolucionistas es la cuestión de cómo pasaron a existir por sí mismos los mecanismos complejos de conversión de energía, como la fotosíntesis en las plantas, cosa que no pudo ser copiada ni siquiera con la moderna tecnología de hoy día.

El influjo de la energía solar en el mundo no tiene ningún efecto que por sí solo produciría orden. Independientemente de lo elevado de la temperatura, los aminoácidos resisten la formación de uniones en secuencias ordenadas. La energía por sí solo no es suficiente para hacer que los aminoácidos formen las moléculas mucho más complejas de las proteínas o para que éstas formen las estructuras organizadas y mucho más complejas de las organelas de las células. La fuente real y esencial de esa organización en todos los niveles es un designio consciente: en una palabra, la Creación.

La "teoría del caos" como escapatoria.

Algunos científicos evolucionistas, totalmente conscientes de que la Segunda Ley de la Termodinámica vuelve imposible la evolución, intentaron cerrar esa brecha por medio de especulaciones. Como siempre, incluso esos esfuerzos señalan que la teoría de la evolución enfrenta una desavenencia irreconciliable de la que no puede escapar.

Una persona distinguida por sus esfuerzos por unir la termodinámica y la evolución es el científico belga Ilya Prigogine. Partiendo de la teoría del caos propuso una serie de hipótesis mediante las cuales el orden tiene lugar desde el caos (desde el desorden). A pesar de sus mayores esfuerzos fue incapaz de concretar esa unión, cosa que se advierte claramente en lo que expresa: "Hay otra cuestión que nos ha fastidiado durante más de un siglo: ¿qué significado tiene la evolución de un ser viviente en el mundo descrito por medio de la termodinámica, un mundo de un desorden siempre creciente?"(6).

Prigogine, quien sabe realmente bien que las teorías a nivel molecular no son aplicables a los sistemas vivientes, como en el caso de una célula viva, subraya este problema: "El problema del orden biológico involucra la transición de la actividad molecular al orden supramolecular de la célula. Este problema está lejos de ser resuelto"(7).

Ese es el punto más reciente alcanzado por la Teoría del Caos y las especulaciones conexas. No se ha obtenido ningún resultado concreto que apoye o verifique la evolución o elimine la contradicción de la evolución con la entropía y con otras leyes físicas.

A pesar de todos esos hechos evidentes, los evolucionistas intentaron defenderse con simples subterfugios. Verdades científicas sencillas indican que los organismos vivientes y sus estructuras complejas, planificadas y ordenadas, de ninguna manera pudieron pasar a existir por casualidad bajo circunstancias normales. Este hecho deja en claro que la existencia de lo viviente se puede explicar solamente por la intervención de un poder sobrenatural. Ese poder es la Creación de Dios, Quien creó todo el Universo de la nada. La ciencia ha probado que la evolución es imposible en lo que a la termodinámica concierne, y que la existencia de la vida no tiene ninguna explicación que no sea la Creación.




1. Jeremy Rifkin, "Entropy: A New World View", N. York, Vikking Press, 1980, p. 6.
2. J. H. Rush, "The Dawn of Life", N. York, Signet, 1962, p. 35.

3. Roger Lewin, "A Downward Slope to Greater Diversity", "Science", vol. 217, 24/9/1982, p. 1239.

4. George P. Stravropoulos, "The Frontiers and Limits of Science", "American Scientist", vol. 65, Noviembre-Diciembre 1977, p. 674.

5. Jeremy Rifkin, "A New World View", p. 55.

6. Ilya Prigogine, Isabelle Stengers, "Order Out of Chaos", N. York, Bantman Books, 1984, p. 129.

7. Idem, p. 175.